Una fría tarde de mayo, algo habitual en Atlantic city en esa época de año, la vida se negaba a sonreírme hasta que apareciste, ahí estabas entre un grupo numeroso de amigos extraños, jóvenes diferentes todos lejos de su tierra en busca de algo, diferentes objetivos y sueños, pero al final nos unía esa búsqueda mas que cualquier otra cosa. En aquel lugar de la Kentucky avenue fue donde tuve la dicha de verte por vez primera, hermosa y pequeña, me inspiraste ternura desde el primer momento.
Nos dirigíamos hacia Pleasentville, y mientras esperábamos el autobús me miraste y me dijiste; Yo te he visto pero no recuerdo donde, antes de responder mi amigo se apresuro y dijo que quizás de la universidad ya que ambos estudiábamos en la Pontificia. Ese breve dialogo dio inicio a algo hermoso.
Aquella noche me hablaste, hablamos de varias cosas, me interese al instante. Alguien más también había notado lo hermosa que eras y se me adelanto. Al salir de aquella casa donde todos esos extraños compartían como grandes amigos, sin querer interrumpí algo, pura casualidad o el destino mismo. Pero al final dicha interrupción fue extremadamente oportuna. Volviste adentro un poco asustada, pero volviste y te sentaste a mi lado.
